Saúde Mental FEAFES Galicia acompaña a 66 personas con problemas de salud mental y en grave riesgo de exclusión social gracias a la colaboración del Concello de Santiago de Compostela.
Raymond tiene 41 años y lleva algo más de un año residiendo en uno de los pisos de transición que desde Saúde Mental FEAFES Galicia gestionamos en Santiago de Compostela, gracias al Concello, en el marco del «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión».
Las personas que viven en la calle son propensas a tener un problema de salud mental. Las que llegan a esa situación sin tener una problemática psíquica tienen muchas posibilidades de ver deteriorada su salud mental, y las que ya tenían algún problema de esta índole, lo pueden ver agravado.
Esta era la situación de Raymond cuando lo conocimos. «Prefiero no pensar en eso», nos cuenta, «ojalá hubiese pedido ayuda antes». Ahora asegura que, gracias a este programa, su situación mejoró considerablemente: «Llevo un año sintiéndome tranquilo, sin consumir, sin ansiedad, sin angustia».
«Lo peor fue sentirse sólo, aislado y perder mi hogar»
Pasar de una situación de exclusión social a una de inclusión no es sencillo, y requiere de un largo período de tiempo. Raymond asegura que lo más duro fue perder su hogar y la sensación de soledad y aislamiento que experimentó.
Además, Raymond enfrentaba un problema de salud mental que no estaba siendo atendido. «Había recibido un diagnóstico hace años, pero era diferente al que tengo ahora». Además, pasó por situaciones de exclusión y estigma que le impidieron recibir el apoyo que necesitaba: «tuve malas experiencias en el pasado, por eso cuando las trabajadoras del Concello venían a ofrecerme ayuda, la rechazaba».
Pero hace algo más de un año entró a vivir en nuestro piso de transición que gestionamos en Santiago. Reconoce que aquí está tranquilo y eso ya es mucho. «Voy a talleres de cerámica, escucho audiolibros, hago yoga, salgo a caminar y limpio todos los días».
La gestión de estos pisos es parte de nuestro «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión», financiado por el Concello de Santiago. El año pasado atendimos a 66 personas (46 hombres y 20 mujeres) en el marco de este programa, de las cuales 6 (3 mujeres y 3 hombres) pasaron por nuestros pisos de transición.
Con este programa buscamos favorecer la integración y la vinculación de este colectivo a los recursos normalizados, poniendo en marcha las acciones y servicios oportunos ajustados a sus necesidades básicas. «Lo que quiero es encontrar una vivienda y ponerme bien para trabajar. Superar mis miedos y mantener la abstinencia», afirma Raymond.
Acompañamiento integral y centrado en la persona para salir de la exclusión
En el «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión», valoramos las necesidades de cada persona usuaria para ofrecerles la atención y los recursos que necesitan.
«Lo primero que se debe garantizar es la cobertura de las necesidades básicas para poder trabajar en la recuperación», nos explica Mayca Heredia, técnica de atención integral de Saúde Mental FEAFES Galicia. «Las personas necesitan primero un lugar seguro, estable y predecible donde vivir». Mayca nos indica que, además, es fundamental realizar un acompañamiento integral en todas las áreas de la persona: «empleamos un enfoque centrado en la persona, respetando sus tiempos, reconstruyendo su autonomía, su red social y vinculándola con los recursos comunitarios.»
Cuando Raymond entró en el programa, recibió una evaluación inicial gracias a la que se estableció el itinerario a seguir en su caso y se le derivó al servicio del proyecto que necesitaba. Además de la vivienda de transición en la que él está, también ofrecemos información y orientación, asesoría jurídica, ocio, empleo, etc. Los itinerarios y planes de trabajo que se crean se establecen de forma consensuada entre el equipo de trabajadoras y trabajadores y las personas usuarias.
«Dentro del programa atendemos a personas de entren 18 y 65 años, con diagnósticos de salud mental graves y persistentes que se encuentran en situación de sinhogarismo», explica Mayca. Añade que son personas con un alto grado de aislamiento social, que no tienen redes de apoyo y que, en muchos casos, tienen una larga trayectoria de exclusión social y patología dual.
Trabajamos en red para garantizar una intervención coherente y un soporte comunitario sólido
En esta iniciativa apoyamos al equipo que trabaja en la calle y en los pisos de transición en la detección de personas que, como Raymond, presentan síntomas de enfermedad mental y no tienen un diagnóstico o no tienen un tratamiento. Procuramos establecer una relación sólida entre la persona y los recursos sanitarios que necesita. «El trabajo en red es imprescindible», asegura Mayca, «ninguna entidad puede resolver la exclusión por si sola. Las coordinaciones entre organismos y entidades garantizan una intervención coherente, evita la duplicidad de recursos y asegura que la persona tenga un soporte comunitario sólido y continuado».
Del mismo modo, prestamos apoyo cuando se producen situaciones de crisis, asesoramos a los equipos con los que trabajamos en red y apoyamos a las personas usuarias que residen en los pisos de transición para que puedan cumplir con los objetivos marcados en su itinerario personalizado de inclusión.
Todas estas acciones las realizamos en coordinación con las entidades implicadas en la atención de cada persona, como son otras entidades, servicios sociales, EVO, FUNGA, organismos de salud y de salud mental, administración pública, etc. Para crear una red sólida que permita a las personas con problemas de salud mental en grave riesgo de exclusión mejorar su calidad de vida.
Los pisos de transición. Un recurso temporal para mejorar la autonomía
Los pisos de transición que gestionamos en la ciudad y en el que participa Raymond, son recursos residenciales temporales diseñados para servir de puente entre la situación de exclusión o calle y la vida autónoma.
«Acogemos un número reducido de personas para garantizar un entorno acogedor, familia y supervisado», nos explica Mayca. Actualmente tenemos un piso para hombres, que cuenta con tres plazas, y otro para mujeres, que tiene dos plazas. «Las usuarias y usuarios comparten espacios comunes y responsabilidades domésticas», Mayca indica que, con apoyo del equipo técnico, trabajan rutinas diarias, la convivencia, la gestión económica, la gestión del hogar y el autocuidado.
Asegura que la estancia en estos pisos de transición les proporciona a las personas usuarias seguridad y estabilidad en un espacio protegido para iniciar su recuperación. Además, facilita la adherencia al tratamiento y el autocuidado mediante la vinculación con los servicios de salud mental. Del mismo modo, proporciona el espacio ideal para la recuperación de las habilidades y también para recuparar la dignidad y la autoestima, ya que ayuda a las personas participantes a mantener el control sobre su propia vida y a sentirse parte de la sociedad.
El recursos es temporal pero está adaptado a los ritmos individuales de cada persona. «La estancia varía entre varios meses hasta un máximo de dos años, aunque la media de estancia es de 9 meses», nos señala Mayca
Una vez alcanzados los objetivos marcados para la estancia en al vivienda, se diseña un plan de salida de cara a alternativas más definitivas segundo los intereses y necesidades de cada persona. «Miramos la posibilidad de viviednas de alquiler compartidas, recursos residenciales o con otro nivel de apoyo o el retorno a la red familiar si es posible», explica Mayca y señala que, además, el programa mantiene un seguimiento posterior indeterminado para evitar volver a la exclusión.
Eliminar el estigma para favorecer la inclusión
Como sociedad, podemos aportar mucho para mejorar la situación de las personas que están en situación de exclusión o sinhogarimso.
«Lo primero que podemos hacer es desestigmatizar y humanizar«, indica Mayca Heredia, «dejar de percibir el sinhogarismo como un fracaso individual o una elección y entenderlo como una vulneración de los derechos humanos derivada de los fallos del sistema«.
Mayca indica que una de las principales barreras que encuentran las personas usuarias del «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión» es el doble estigma. «El de vivir en la calle y el de tener un problema de salud mental», y añade que esto se agrava si además la persona tiene discapacidad, es de origen extranjero o de edad avanzada. «Debemos cambiar la mirada y entender que son situaciones complejas que le pueden pasar a cualquiera», señala.
Del mismo modo, Mayca indica que podemos ayudar a garantizar el acceso a la vivienda. Apoyando políticas públicas que promuevan la vivienda protegida y regulen el alquiler. «A todas las personas nos afectan las subidas del precio del alquiler», comenta «y este colectivo es quien más lo sufre».
Finalmente, señala que es importante también fomentar entornos comunitarios inclusivos. «La inclusión real se hace en el día a día en los barrios», asegura Mayca, «la vecindad, los comercios y las entidades locales juegan un papel clave cuando acogen a las personas sin prejuicios y favoreciendo sus sentimiento de pertenencia».
Con la colaboración de:

