Daniel es una de las 64 personas que participan en el Programa de atención integral a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión que Saúde Mental FEAFES Galicia desarrolla en Santiago de Compostela.
Las personas que viven en la calle son propensas a tener un problema de salud mental. Las que llegan a esa situación sin un problema psíquico tienen muchas posibilidades de ver deteriorada su salud mental, y las que ya tenían algún problema de ese tipo, lo pueden ver agravado.
Este es el caso de Daniel (nombre ficticio). Tiene 54 años y un problema de salud mental que tardaron en diagnosticarle. Tras quedar sin empleo y después de un problema familiar, terminó en una situación de exclusión social.
Cuando conocimos a Daniel, vivía en una casa sin agua ni luz. «Pensaba que allí se acababa todo», nos comenta, «pero aguanté». En noviembre del año pasado, Daniel empezó a residir en el piso de transición que gestionamos en Santiago de Compostela, gracias al Concello, en el marco del «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión».
“Dormir en una cama, tener una ducha, poder hacer un café… Parece poco, pero lo cambia todo”
Pasar de una situación de exclusión social a una de inclusión no es fácil, y requiere de un largo período de tiempo. Daniel asegura que «más que no tener dinero o dormir entre escombros, lo más duro fue la soledad». Perdió el trabajo y el contacto con su familia. «Al principio piensas que vas a remontar, pero pasa un mes, luego otro… y cuando te das cuenta, llevas años sobreviviendo como puedes», relata.

Además, Daniel afrontaba un problema de salud mental que no estaba siendo atendido. “A veces no podía ni levantarme. Me venían pensamientos negativos que non podía controlar.” A finales del año pasado recibió un diagnóstico, le recetaron un tratamiento y empezó a mejorar.
Al mismo tiempo, entró a vivir en el piso de transición. Reconoce que aquí está tranquilo y eso ya es mucho. «Tenemos unas normas, unas rutinas y no hay problemas de convivencia».
La gestión de estos pisos es parte de nuestro «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión», financiado por el Concello de Santiago. El año pasado atendimos a 64 personas, de las que 7 pasaron por los pisos de transición que gestionamos en la ciudad.
Con este programa buscamos favorecer la integración y la vinculación de este colectivo a los recursos normalizados, poniendo en marcha las acciones y servicios oportunos ajustados a sus necesidades básicas. Para alcanzar este objetivo, procuramos establecer una red de coordinación de los recursos sanitarios y sociales necesarios para la intervención con cada persona participante.
“No quiero lujos. Quiero tener algo mío”
En el «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión», valoramos las necesidades de cada persona usuaria para ofrecerles a atención y los recursos que necesitan.
“Aquí nos ayudan con los papeles, con las citas y a organizarnos», nos explica Daniel. «Ahora cobro la RISGA y solicité el ingreso mínimo vital. No quiero lujos, espero poder conseguir un sitio donde vivir tranquilo, con mis cosas, sin depender de nadie. Quiero tener algo mío.»
Cuando Daniel entró en el programa, recibió una evaluación inicial gracias a la cual se estableció su itinerario a seguir y se le derivó al servicio que necesitaba. Además de la vivienda de transición en la que reside, también ofrecemos los servicios de información y orientación, asesoría jurídica, ocio, empleo, etc. Los itinerarios y planes de trabajo que se crean se establecen de forma consensuada entre el equipo de FEAFES y la persona usuarias.
Además, dentro del «Programa de atención a personas con enfermedad mental crónica, sin hogar o en riesgo de exclusión», apoyamos al equipo que trabaja en la calle y en los pisos de transición en la detección de personas que, como Daniel, presentan síntomas de enfermedad mental y no tienen un diagnóstico o un tratamiento. Procuramos establecer una relación sólida entre la persona y los recursos sanitarios que necesita. Así como también prestamos apoyo cuando se producen situaciónes de crisis, asesoramos a los equipos con los que trabajamos en red y apoyamos a las personas usuarias que residen en los pisos de transición para que puedan cumplir con los objetivos marcados en su itinerario personalizado de inclusión.

También buscamos que las personas usuarias puedan recuperar o reforzar el vínculo con sus familias y personas allegadas. Daniel nos cuenta que retomó el contacto con su familia: «¡Incluso fui a la boda de mi hija!», detalla. «Me sentí muy contento por ella y por mí, por poder estar con mi hija de nuevo. Me alegra haber recuperado el contacto también con mi madre y mi hermana.»
Todas las acciones que realizamos en el programa las llevamos a cabo en coordinación con las entidades implicadas en la atención de cada persona, como son otras entidades, servicios sociales, EVO, FUNGA, organismos de salud y de salud mental, administración pública, etc. Para crear una red sólida que permita a las personas con problemas de salud mental en grave riesgo de exclusión mejorar su calidad de vida.
Daniel echa la vista atrás y le cuesta creer cómo era su vida: «Me da pena el haber estado tan mal y tan solo». También afirma que cualquier puede verse en la misma situación: «No hace falta hacer nada malo. Una enfermedad o un despido y todo se pierde». Añade además que deberíamos ser más comprensivos y no fomentar el prejuicio contra las personas en riesgo de exclusión: «No podemos juzgar a nadie, cada cual tiene sus problemas. Pero pedir ayuda, cuando lo necesitas, es importante.»
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